1. Los acomodos no deben ser permanentes. Un acomodo "genial" para un estudiante de segundo grado resulta ser nada más y nada menos que brindarle los exámenes orales. Claro, si hay deficiencias se puede hacer la excepción pero si esto se hace de manera permanente, en lugar de ayudar al estudiante a superar su deficiencia le estamos incentivando la permanencia de ésta. Este acomodo debería tener una nota que lea: "este acomodo deberá disminuir paulatinamente según el o la estudiante supere sus deficiencias en la lectural".
2. Cada maestro conoce a sus estudiantes. Hay maestros que le han dado clases al mismo estudiante más de una vez. Conoce a sus hermanos (a los cuales también les dio clase) por lo que casi se convierte en parte de la familia. Los maestros pasan un periodo de casi ocho horas con sus alumnos. Conocen sus debilidades, su alto potencial y lo mejor: cuando éste está manipulando la situación a su favor. Así que par de horas semanales en una oficina o una visita cada dos años a evaluación jamás superará la opinion del maestro de salón hogar. Unos acomodos con bajas espectativas de lo que un alumno puede o es capaz de lograr no es un acomodo (al menos no para un maestro), es un tropiezo ante el posible gran potencial en desarrollo. Pues, ¿cómo sabré si un estudiante será capaz de lograr algo si no lo llevo al máximo?
3. Tiempo y medio. Ufff este es de mis favoritos. (Si, claro). Nuestro gran problema con este acomodo se subdivide en muchas razones. En primer lugar no todos los maestros cuentan con una hora de capacitación. Esto significa que el medio tiempo se tiene que brindar en el único momento en el que ambos - tanto maestro como estudiante tienen para ventilarse y liberar tensiones- : la hora del almuerzo. Pero como trabajar en tu periodo de descanso es ilegal, le administras el examen "un momentito" en la próxima clase. ¡Ah! pero en la próxima clase habrá muchos distractores que provoquen que el estudiante fracase el examen. Además, vas a comenzar tema nuevo y no quieres que se lo pierda. Por eso algunos cuentan con (aquí viene el segundo lugar) la maestra de Salón Recurso la cual ni idea tiene de tus métodos como maestra pero como es tan "cool" termina "ayudando" a hacer el examen sorprendiendonos a todos con un %100 A. En tercer lugar, este acomodo no me gusta porque al igual que el gobierno no discrimina por razón de sexo, raza o estatus social, las ganas de pedirle a la maestra este tiempo extra para el otro día tampoco discrimina estas esferas sociales. ¡Es tan conveniente que el nene le diga a su tutor todo lo que venía en el examen y así sacar ventaja sobre sus pares al otro día! Esta situación resulta más penosa en escuelas privadas donde es asqueante la manera en que los padres manipulan a los maestros. Pero ese es otro tema.
Entonces ¿qué acomodos damos? La verdad es que estamos tan acostumbrados a un sistema de enseñanza tan tradicional que hasta los evaluadores se han acomodado a el. Los estudiantes con necesidades especiales no necesariamente responden a las metodologías de enseñanza a las cuáles estamos acostumbrados. Nos corresponde a nosotros como maestros innovar y demostrar de qué son capaces nuestros alumnos (aunque como a mí le cueste insultos entre otros disgustos). Pues como dicen: "no siempre existen deficiencias en el aprendizaje sino deficiencias en la enseñanza". Nos corresponde a nosotros como evaluadores y Terapeutas contar con la opinión honesta de los maestros y convertirnos en un equipo de aliados y no en competidores que luchan por quien se lleva el premio de haber logrado echar hacia adelante al el estudiante.